Encarna Anillo

Cuando Cádiz canta al cielo desde una azotea

Hay noches que no necesitan grandes escenarios para convertirse en inolvidables. Basta una terraza abierta al cielo, las azoteas de Cádiz, las ropas tendidas meciéndose con la brisa y el silencio respetuoso de un público entregado. Así se vivió la nueva cita del ciclo "Flamenco en la Terraza" de la Fundación Unicaja, que volvió a demostrar que el flamenco encuentra su hogar allí donde hay verdad.

La terraza de la Fundación Unicaja presentó un lleno absoluto para recibir a la cantaora gaditana Encarna Anillo y al guitarrista chileno Andrés Hernández "Pituquete", acompañados por dos palmeros que sostuvieron con elegancia el compás de una velada que fue creciendo en intensidad con cada cante.

Desde las primeras alegrías de Cádiz, el público comprendió que no asistía únicamente a un concierto, sino a un encuentro entre dos orillas unidas por un mismo lenguaje: el flamenco. Cádiz y Santiago de Chile se dieron la mano a través de una música que no entiende de fronteras.

La voz de Encarna Anillo volvió a demostrar por qué es una de las grandes referencias del cante gaditano. Su interpretación estuvo cargada de emoción, de matices y de esa sensibilidad que convierte cada letra en una historia vivida. Cantó desde la serenidad, desde el sentimiento y desde el profundo respeto a la tradición flamenca.

A su lado, la guitarra de Pituquete brilló con luz propia. Su forma de acompañar, siempre elegante y precisa, convirtió cada falseta en un diálogo permanente con la voz. Una guitarra capaz de acariciar el silencio y de estallar en fuerza cuando el cante lo reclamaba, demostrando una vez más el extraordinario nivel artístico de uno de los grandes referentes internacionales de la guitarra flamenca.

El compás de las palmas completó una formación perfectamente ensamblada, haciendo que cada seguiriya, cada alegría y cada momento del recital respirara autenticidad.

Pero si hubo un protagonista silencioso durante toda la noche fue el propio escenario. Las azoteas gaditanas, el cielo azul que poco a poco fue dejando paso a la noche y las tradicionales ropas tendidas crearon una estampa que parecía detenida en el tiempo. Un rincón donde el flamenco sonó como si siempre hubiera pertenecido a ese lugar.

Entre los asistentes se encontraba también Ana María Sanjuán, concejala del Ayuntamiento de Cádiz, cuya presencia puso de manifiesto el respaldo institucional a iniciativas culturales que acercan el flamenco a la ciudadanía y ponen en valor espacios emblemáticos de la ciudad. Como representante municipal, compartió la velada con el resto del público y, al finalizar la actuación, se puso en pie para aplaudir a Encarna Anillo, Pituquete y al conjunto de artistas, sumándose a una ovación que reconocía una noche de flamenco auténtico, emoción compartida y excelencia artística.

Fue una noche de magia, de emoción compartida y de esos pequeños instantes que recuerdan que Cádiz no solo escucha flamenco: lo vive.

Una propuesta cultural que volvió a llenar la terraza y que confirma el enorme acierto de acercar el arte a espacios singulares, permitiendo que la ciudad disfrute de su patrimonio y de su música desde otra perspectiva.