Cádiz en Danza, martes 9 de junio
El Foyer del Gran Teatro Falla volvió a convertirse esta tarde en un espacio para la reflexión, la emoción y el encuentro gracias a dos nuevas propuestas incluidas en la programación de Cádiz en Danza 2026. Entre los asistentes se encontraba también la concejala de Delegaciones de Salud, Juventud e Infancia, Artesanía del Ayuntamiento de Cádiz, Gloria Bazán, que quiso respaldar con su presencia esta cita con la danza contemporánea.
La primera de ellas, About Us, de las artistas eslovenas Patricija Crnkovič y Tjaša Bucik, invitó al público a recorrer diferentes etapas y arquetipos de la feminidad. A través del movimiento, el tacto, la respiración y una interpretación cargada de sensibilidad, las creadoras construyeron un universo donde convivían las expectativas sociales, las dudas, los deseos y las múltiples identidades que acompañan a la mujer a lo largo de la vida. Una propuesta delicada y profunda que encontró en la cercanía del Foyer el lugar perfecto para dialogar con los espectadores.
La segunda pieza de la tarde llegó desde Francia con ACTO#3, de Empty Rooms Company. Julia Kayser y Théo Vanpop presentaron una creación que nace de una pregunta aparentemente sencilla pero enormemente compleja: ¿podemos bailar sin ego? A partir de esa reflexión, ambos intérpretes construyeron una obra de gran honestidad escénica, donde el movimiento se convierte en búsqueda, en duda y en descubrimiento constante. La danza aparece aquí como un espacio donde el ego desaparece y reaparece al mismo tiempo, generando una tensión poética que atrapa al espectador desde el primer instante.
Pero más allá de las coreografías, la tarde dejó también una imagen difícil de olvidar. Entre bastidores, en los momentos previos y posteriores a las actuaciones, se respiraba algo que va más allá de la técnica o del talento. Como fotógrafo, tuve la oportunidad de observar de cerca la relación entre los artistas: miradas de complicidad, abrazos sinceros, palabras de ánimo y un profundo respeto mutuo.
Resultó especialmente emocionante comprobar la admiración que los propios bailarines sienten por el trabajo de sus compañeros. No había competición ni protagonismos. Solo el reconocimiento de quienes entienden el esfuerzo, la dedicación y la entrega que exige subir a un escenario.
Quizás ahí resida una de las grandes virtudes de Cádiz en Danza. No solo acerca la creación contemporánea al público, sino que también construye comunidad entre quienes hacen de la danza su forma de vivir y de expresarse. Y esa bondad silenciosa, esa humanidad compartida entre artistas de distintos países y trayectorias, terminó siendo una de las coreografías más hermosas de la tarde.
El Teatro Tía Norica acogió esta noche una de las propuestas más intensas y emotivas de la programación de Cádiz en Danza 2026. La actriz Olalla Hernández llevó al escenario Solo quería bailar, una adaptación teatral de la novela homónima de Greta García dirigida por Alberto Velasco.
Entre el público se encontraba Ana María Sanjuán, concejala delegada de Vivienda y Desarrollo Sostenible y presidenta de PROCASA, acompañando una cita cultural que volvió a reunir a amantes de la danza, el teatro y la literatura en torno a una historia profundamente humana.
Pili, la protagonista, solo quería bailar. Sin embargo, la realidad de quienes intentan vivir del arte termina convirtiendo ese deseo sencillo en una lucha constante. La precariedad, las dificultades administrativas, las heridas familiares y la falta de reconocimiento aparecen en escena como obstáculos que amenazan con apagar una vocación que nació para ser libre.
Olalla Hernández construye un personaje lleno de verdad, vulnerable y combativo al mismo tiempo. Su interpretación transita entre la rabia, el humor, la fragilidad y la esperanza, manteniendo al público conectado a cada palabra y a cada gesto. La obra habla de danza, pero también de todas aquellas personas que alguna vez han tenido que defender sus sueños frente a las dificultades de la vida.
La propuesta encuentra además una especial complicidad con Cádiz en Danza, un festival que año tras año demuestra que la creación artística no es un lujo, sino una necesidad. Porque detrás de cada espectáculo existen horas de trabajo invisible, sacrificios personales y una enorme pasión que rara vez ocupa los titulares.
Tras la representación tuvo lugar un coloquio con Olalla Hernández, Greta García y Alberto Velasco, moderado por Alejandro Luque en colaboración con la Feria del Libro de Cádiz. Un encuentro cercano donde público y artistas compartieron reflexiones sobre la creación, la danza, la escritura y la realidad de quienes intentan abrirse camino en el mundo cultural.
La noche terminó con una sensación compartida entre muchos de los asistentes: la de haber escuchado una historia particular que, en realidad, pertenece a miles de artistas. Porque, en el fondo, Pili solo quería bailar. Y quizás todos, alguna vez, solo hemos querido ser aquello que amamos.