XXXI Festival Internacional de Folklore Ciudad de Cádiz

El Teatro Pemán vuelve a ser la casa del Festival Internacional de Folklore

La XXXI edición llenó durante tres noches el recuperado escenario gaditano de músicas, danzas y emociones compartidas.

El Teatro José María Pemán volvió a latir al ritmo del mundo. Durante las noches del 3, 4 y 5 de septiembre, el emblemático recinto del parque Genovés acogió las tres grandes galas de la XXXI edición del Festival Internacional de Folklore Ciudad de Cádiz. Fueron tres jornadas de gran afluencia, con el teatro lleno y un público que respondió con entusiasmo al reencuentro con uno de los escenarios más queridos de la ciudad.

Recuperado el año pasado, el Teatro Pemán volvió este año a ser la casa del festival, consolidando el vínculo entre este espacio y una cita esencial de la cultura gaditana. La celebración contó con el apoyo institucional del Ayuntamiento de Cádiz, a través de la Delegación de Cultura, cuyo respaldo resultó fundamental para hacer posible esta edición y reforzar la presencia del festival en la programación cultural de la ciudad. La jornada inaugural contó con la presencia del alcalde de Cádiz, Bruno García; la concejala de Cultura, Maite González, y otras autoridades. Ana María Sanjuán acompañó el festival durante los tres días de funciones, mostrando su respaldo a una cita que ha recuperado con fuerza su lugar en la vida cultural gaditana.

Pero el gran protagonista fue también el propio Teatro Pemán. Volver a cruzar sus puertas, caminar por el parque Genovés y ocupar de nuevo sus localidades tuvo algo de celebración colectiva. Su belleza, la comodidad del acceso, la cercanía entre el escenario y los espectadores y, sobre todo, su magnífica acústica contribuyeron a engrandecer cada actuación. El regreso del festival a este espacio no fue solamente un cambio de sede: significó el reencuentro de Cádiz con una parte importante de su memoria cultural y confirmó que el Pemán vuelve a ser su escenario natural.

Durante las tres noches se sucedieron músicas, danzas, indumentarias y tradiciones llegadas de distintos rincones del mundo. Cada agrupación aportó su identidad y convirtió el escenario en un lugar de intercambio entre pueblos, generaciones y maneras diferentes de entender la cultura popular. La belleza de los trajes de Panamá y México destacó especialmente por sus colores, bordados y riqueza ornamental, mientras que la presencia de los mariachis añadió una nota de fuerza, alegría y emoción a las galas.

Junto a las delegaciones internacionales, el festival quiso hacer una especial mención a la participación de las agrupaciones de Cádiz, protagonistas esenciales de esta celebración y representantes de la riqueza cultural de la ciudad. El Grupo de Danza Adolfo de Castro, el Grupo de Danza Cultivando el Arte, la Asociación de Danzas Folklóricas Ciudad de Cádiz y la Compañía Flamenca Carmen Guerrero ofrecieron actuaciones llenas de identidad, compromiso y calidad artística. Su presencia puso de relieve la importancia de las tradiciones gaditanas y su capacidad para dialogar con las expresiones folklóricas llegadas de otros países. Cada una de estas formaciones aportó su particular manera de entender la danza, desde el folklore más arraigado hasta la fuerza y la sensibilidad del flamenco, enriqueciendo el programa y haciendo del festival un verdadero encuentro entre Cádiz y el mundo.

La participación mexicana contó además con el respaldo y la cercanía de MariPaz Canseco, directora mexicana del Hotel Olom, cuya asistencia a la gala de clausura simbolizó el compromiso con el grupo de México y con el intercambio cultural entre ambos países. Su presencia contribuyó a estrechar los lazos con la delegación mexicana y a reforzar el deseo de que sus integrantes y otros visitantes de México vuelvan próximamente a Cádiz para seguir descubriendo la ciudad, su patrimonio y su hospitalidad.

También despertó un gran interés la actuación del grupo de Georgia, que ofreció una muestra de enorme personalidad, precisión y riqueza coreográfica. Sus danzas, cargadas de tradición y energía, fueron recibidas con entusiasmo por un público que supo valorar la singularidad de su propuesta.

Entre las actuaciones más celebradas destacó especialmente la del grupo procedente de Sudáfrica. Su fuerza, su ritmo y su extraordinaria capacidad para comunicarse con los espectadores hicieron bailar y emocionarse al público. La energía pasó del escenario al patio de butacas hasta borrar por momentos la distancia entre artistas y asistentes. Fue una de esas actuaciones que no se limitan a contemplarse: se viven.

Y, sin duda, el espectáculo ofrecido en la calle por todas las agrupaciones mantuvo a Cádiz en pie, aplaudiendo cada paso. La ciudad salió a su encuentro y respondió con una entrega extraordinaria, demostrando que el festival no se limitó al interior del teatro. Cádiz brilló, y esta vez no fue solo por su luz.

Otro de los aspectos más hermosos de esta edición fue la juventud de muchos de los participantes. Niños, adolescentes y jóvenes intérpretes demostraron que el folklore continúa vivo y que sus tradiciones encuentran nuevas generaciones dispuestas a aprenderlas, cuidarlas y compartirlas. Su entusiasmo, frescura y entrega aportaron una vitalidad especial a cada espectáculo y recordaron que la cultura popular no pertenece únicamente al pasado, sino también al futuro.

La gala de clausura puso el broche a las tres jornadas con un verdadero destello de emociones, música y luces. El colorido de los trajes, la intensidad de las coreografías y la entrega de las agrupaciones compusieron un espectáculo capaz de despertar sonrisas y arrancar lágrimas. Muchas personas no pudieron contener la emoción ante unas escenas que recordaron que el folklore, lejos de ser una expresión detenida en el pasado, permanece vivo cuando se comparte.

El éxito de estas galas no se explica únicamente por lo sucedido bajo los focos. Detrás de cada función estuvo el buen hacer de los voluntarios, el personal del Teatro Pemán, los vigilantes, los técnicos de sonido e iluminación y todas las personas encargadas de atender al público y conseguir que el espectáculo se desarrollara con fluidez. Su profesionalidad, casi siempre silenciosa, fue una parte esencial de lo vivido durante esos tres días.

La XXXI edición del Festival Internacional de Folklore Ciudad de Cádiz deja así una imagen difícil de olvidar: un teatro lleno, un público entregado y artistas de diferentes culturas unidos por el lenguaje universal de la música y la danza. El respaldo del Ayuntamiento de Cádiz, a través de la Delegación de Cultura, contribuyó a consolidar una cita que vuelve a ocupar un lugar destacado en el calendario cultural gaditano. El regreso al Pemán, recuperado el año pasado y convertido de nuevo este año en la casa del festival, estuvo a la altura de las expectativas y confirmó la belleza y las posibilidades de un escenario que parece concebido para noches como estas.

Durante tres días, Cádiz abrió nuevamente sus brazos al mundo. Y el Teatro Pemán, iluminado y lleno de vida, volvió a ser la casa del folklore.