INVISIBLES HASTA DESPUÉS DE MORIR

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                         fotografía: PacodlaCorte

CUANDO EL SISTEMA TAMBIÉN HACE INVISIBLES A LAS PERSONAS SIN HOGAR

Dos investigaciones europeas publicadas en revistas científicas alertan sobre la exclusión digital y las muertes que permanecen sin una explicación suficiente

La invisibilidad de las personas sin hogar no termina cuando acceden a la atención social o sanitaria. En ocasiones, es el propio funcionamiento del sistema el que vuelve a dejarlas fuera.

Dos estudios publicados en octubre de 2026 en revistas científicas internacionales muestran diferentes dimensiones de una misma realidad: las dificultades para acceder a unos servicios cada vez más digitalizados y la falta de información sobre las causas de muchas muertes de personas que vivían en la calle.

CUANDO UN TELÉFONO SE CONVIERTE EN OTRA PUERTA CERRADA

La primera investigación, publicada el 10 de octubre en la revista científica International Journal for Equity in Health, de Springer Nature, analiza la relación de nueve mujeres en situación de sinhogarismo en Londres con la atención sanitaria digital.

El estudio, dirigido por la investigadora Sophie Nadia Gaber junto a un equipo internacional y desarrollado con la colaboración de mujeres con experiencia directa de sinhogarismo, se basó en entrevistas narrativas y en la observación continuada de las participantes.

Solicitar una cita, recibir un código, consultar una historia clínica o realizar un trámite requiere disponer de teléfono, conexión, batería, documentación, privacidad y conocimientos suficientes. Condiciones que no siempre existen cuando se vive en la calle o en un alojamiento inestable.

La investigación introduce el concepto de eHealthism para describir una situación cada vez más frecuente: responsabilizar a la persona de gestionar digitalmente su salud sin tener en cuenta la pobreza, el trauma y las distintas formas de exclusión que condicionan su vida.

La tecnología puede facilitar el acceso a determinados servicios, pero no sustituye la relación humana. Las participantes reclamaron poder elegir entre atención digital y presencial, además de contar con una persona que las acompañara cuando el trámite resultara inaccesible.

Una cita perdida por falta de batería o conexión no debería interpretarse automáticamente como desinterés o falta de colaboración. Detrás puede existir una barrera que el propio sistema no ha sabido reconocer.

MUERTES QUE CONTINÚAN SIN RESPUESTA

La segunda investigación fue publicada el 13 de octubre en International Journal of Legal Medicine, también perteneciente a Springer Nature. El trabajo, encabezado por el investigador Stefano Tambuzzi, constituye el primer análisis forense sistemático de estas características realizado en Italia.

El estudio examinó 104 autopsias de personas sin hogar efectuadas en Milán entre 2014 y 2024. Sus resultados muestran que únicamente el 24 % de las muertes pudo clasificarse como natural y el 16,4 % como no natural. En el 59,6 % de los casos, la causa quedó sin determinar.

Los investigadores también detectaron carencias importantes en la información clínica disponible y una utilización limitada de pruebas toxicológicas e histológicas, necesarias para establecer con mayor precisión las causas de algunos fallecimientos.

Estos datos muestran una forma especialmente dura de invisibilidad: personas cuya trayectoria sanitaria aparece fragmentada y cuya muerte no siempre se investiga con la profundidad necesaria.

Conocer qué ocurrió no es solamente una cuestión estadística. Permite detectar interrupciones de tratamientos, exposición a condiciones ambientales extremas, problemas de salud mental, consumo de sustancias y oportunidades de intervención que pudieron perderse.

UNA REFLEXIÓN PARA CÁDIZ

Aunque ambas investigaciones corresponden a Londres y Milán, sus conclusiones permiten abrir una reflexión aplicable también a Cádiz.

Mantener alternativas presenciales, facilitar medios para realizar trámites, ofrecer un profesional de referencia y reforzar la coordinación entre salud, servicios sociales, emergencias y entidades que trabajan en la calle podrían evitar que las barreras administrativas se conviertan en nuevas formas de exclusión.

También sería importante analizar conjuntamente cada fallecimiento de una persona sin hogar para identificar posibles fallos, mejorar la prevención y evitar que una vida termine reducida únicamente a una cifra.

La tecnología puede ser una herramienta y los registros pueden aportar conocimiento. Pero ninguna pantalla sustituye el vínculo, y ninguna persona debería desaparecer sin que la sociedad se pregunte qué ocurrió.

Porque una persona puede hacerse invisible dos veces: cuando el sistema deja de verla mientras vive y cuando tampoco busca respuestas después de su muerte.