JULIO GONZÁLEZ,
CÁDIZ PIERDE UNA DE SUS MIRADAS
El fotoperiodista y jefe de Fotografía de Diario de Cádiz fallece dejando tras de sí décadas de imágenes, historias y memoria de una ciudad que conocía como pocos.
Hay personas que cuentan una ciudad escribiendo sobre ella. Otras lo hacen caminándola, observándola y esperando ese instante preciso en el que una mirada, un gesto o una luz lo dicen todo.
Julio González pertenecía a estos últimos.
Hoy Cádiz pierde a uno de sus grandes fotógrafos. Y quienes tuvimos la suerte de conocerlo perdemos también al compañero, al amigo y a esa persona con la que tantas veces bastaba compartir una cámara, una conversación o encontrarnos cubriendo cualquier rincón de esta ciudad.
Julio González Fariñas, nacido en Cádiz en 1966, ha fallecido de forma inesperada este 22 de septiembre. Durante más de tres décadas hizo de la fotografía su manera de contar lo que sucedía a su alrededor y durante más de 25 años estuvo al frente de la Fotografía de Diario de Cádiz.
Su cámara estuvo allí donde Cádiz escribía cada día su propia historia.
En sus calles. En el Carnaval. En la Semana Santa. En el deporte. En los acontecimientos sociales. En los actos institucionales. Pero también en esos pequeños instantes que solo descubre quien ha aprendido a mirar.
Porque Julio no se limitaba a fotografiar lo que ocurría.
Sabía mirar.
Y esa diferencia, tan difícil de explicar y tan fácil de reconocer entre quienes amamos la fotografía, convirtió su trabajo en parte de la memoria visual contemporánea de Cádiz.
Su trayectoria profesional recibió también numerosos reconocimientos. Entre los más recientes estuvo el II Premio Juman de Fotografía del Cádiz CF, concedido por Pescador de goles, una imagen del delantero Chris Ramos después de marcar frente al Málaga CF en octubre de 2024.
Pero hoy los premios quedan en un segundo plano.
Hoy quedan sus fotografías.
Quedan los miles de momentos que detuvo para siempre.
Y queda, sobre todo, Julio.
Para mí resulta especialmente difícil separar al profesional del amigo. Compartíamos la fotografía y esa manera de entender que detrás de cada imagen siempre existe una historia que merece ser contada.
Coincidir con Julio trabajando significaba encontrarse con alguien que conocía su oficio, que sabía dónde colocarse, cuándo esperar y cuándo disparar. Años de profesión habían construido una mirada propia, reconocible y profundamente vinculada a Cádiz.
Pero detrás de la cámara estaba también la persona.
El compañero.
El amigo.
Por eso hoy esta crónica no pretende ser solamente la noticia del fallecimiento de un fotógrafo.
Es también una despedida.
Porque quienes vivimos detrás de una cámara sabemos que llega un momento en que dejamos de recordar algunas fechas, algunos lugares e incluso algunos acontecimientos.
Pero nunca olvidamos determinadas fotografías.
Y Cádiz tendrá miles de ellas para recordar a Julio González.
Imágenes que seguirán apareciendo dentro de muchos años cuando alguien quiera saber cómo era esta ciudad, cómo eran sus calles, sus celebraciones, sus personajes o su gente.
Entonces, aunque Julio ya no esté detrás de la cámara, seguirá estando detrás de cada una de esas fotografías.
Hoy Cádiz pierde a un fotógrafo.
El fotoperiodismo pierde a un compañero.
Y algunos perdemos también a un amigo.
Descansa en paz, Julio.
Tu cámara se apaga.
Tu mirada permanece.
Paco de la Corte.