El Mar de los Sueños
CUANDO LA MIGRACIÓN DEJA DE SER UNA CIFRA
El Palacio Provincial se llena para el estreno de un documental que viaja entre Cádiz y Senegal poniendo rostro a la migración. Una noche de silencio y emoción que terminó abriendo, además, un nuevo puente hacia Ceuta.
Hay silencios que dicen mucho más que las palabras.
Esta tarde, el Patio Cubierto del Palacio Provincial de la Diputación de Cádiz vivió uno de ellos. Un lleno completo acompañó el estreno de “El mar de los sueños”, un documental que durante 46 minutos llevó al público desde Cádiz hasta Senegal para acercarse a la migración desde el lugar donde quizá resulte más difícil mirar: el de las personas.
No desde las cifras. No desde las estadísticas. No desde los titulares.
Desde sus nombres, sus familias, sus despedidas, sus miedos y sus sueños.
La película, nacida de una iniciativa de la Fundación Centro Tierra de Todos y realizada por el Servicio de Vídeo de la Diputación de Cádiz, propone un viaje de ida y vuelta entre las dos orillas. Un relato construido a través de alrededor de una docena de testimonios que permiten conocer tanto a quienes emprendieron el camino hacia Europa como a quienes permanecieron esperando al otro lado.
Cuando detrás de una frontera hay una persona
La presentación contó con la participación de Juan José Ortiz, vicepresidente primero de la Diputación de Cádiz; Mons. Ramón Darío Valdivia Giménez, administrador apostólico de Cádiz y Ceuta; y Carmen Morillo, periodista y guionista de El mar de los sueños.
Especialmente emotiva resultó la intervención de monseñor Valdivia.
Sus palabras llevaron a los presentes hasta una realidad migratoria que sigue escribiéndose cada día a escasos kilómetros de nuestras costas. Habló de quienes llegan, de las dificultades que encuentran y de la necesidad de contemplar la migración poniendo por delante la dignidad de cada ser humano.
No era una reflexión alejada de su propia experiencia reciente. El responsable de la Diócesis de Cádiz y Ceuta ha conocido directamente durante las últimas semanas la situación migratoria de Ceuta y el trabajo que distintas entidades realizan allí.
Después llegaron las imágenes.
Y la sala quedó en silencio.
Dos orillas de un mismo mar
El mar de los sueños fue grabado en Dakar, Thiaroye sur Mer, Touba y Ndiakhitare, en Senegal, y en Cádiz y Puerto Real, en España.
La cámara entra en las casas y escucha.
A quienes consiguieron llegar. A quienes intentaron hacerlo. A quienes tuvieron que regresar. Y a las familias que un día vieron marcharse a alguien sin saber cuándo —o incluso si— volverían a abrazarlo.
El documental habla de desarraigo, incertidumbre y dificultades para construir una nueva vida, pero también de esperanza, valentía, integración y futuro.
Porque emigrar no comienza cuando alguien sube a una embarcación.
Comienza mucho antes.
En una decisión. En una conversación familiar. En una despedida. En unos padres que observan marcharse a un hijo. En alguien que se queda esperando noticias mientras, al otro lado del mar, otra persona intenta encontrar su lugar.
Y tampoco termina necesariamente cuando se alcanza tierra.
Después comienza otro viaje: aprender nuevas costumbres, buscar trabajo, construir vínculos, convivir con la distancia y continuar perteneciendo de alguna manera a aquella casa que quedó atrás.
Entre el público había también jóvenes de origen africano. Su presencia adquiría inevitablemente un significado especial mientras otras historias de migración ocupaban la pantalla.
Un trabajo colectivo entre Cádiz y Senegal
Detrás de esas historias existe también un importante trabajo audiovisual.
La producción ejecutiva corresponde a Fernando Santiago y el guion a Carmen Morillo. En producción han trabajado Rocío Zarzana y Nayra Navarro Silva, mientras que la edición ha sido realizada por Augusto Gómez Quintana.
El equipo de cámara estuvo integrado por Rafa Guerrero, María José Gratacós, Pepe Baena, Abraham Fdez. Gamaza, Iván Marín González y Augusto Gómez Quintana.
La ambientación musical y sonorización corresponden a José Manuel García Pelayo y Lucas Camacho, del Estudio La Bodega.
Los créditos reflejan además la colaboración de instituciones y personas de ambas orillas, entre ellas la Embajada de Senegal en España, la Dirección de Cine de Senegal, la Casa de Iberoamérica de Cádiz, su directora de Relaciones Inma Macías, la artista Ingrid Haubrich y Jerónimo Vicente Ruiz, entre otras colaboraciones.
Pero hay dos nombres colectivos que reciben un agradecimiento especialmente significativo al finalizar la película: la Fundación Centro Tierra de Todos y la Asociación Cardijn.
El documental reconoce su acogida, compromiso y generosidad con personas como Gora y Abdoy Diopsin, además de tantas otras que encontraron unas puertas abiertas cuando comenzaron a construir una nueva vida.
Cádiz respondió con silencio
En representación del Ayuntamiento de Cádiz asistió Ana María Sanjuán, junto a representantes institucionales, entidades sociales y un público que completó el aforo del Palacio Provincial.
Pero quizá una de las mejores maneras de medir lo ocurrido esta tarde no esté en los nombres ni en los cargos.
Estuvo en el silencio.
Durante buena parte de la proyección apenas se escuchó nada en la sala.
Porque hay imágenes ante las que sobran las palabras.
Historias de familias separadas por miles de kilómetros. Madres esperando. Jóvenes buscando un futuro. Personas obligadas a reconstruirse lejos de cuanto conocían. Y también ausencias que dejaron de tener explicación cuando el mar decidió quedarse con quienes intentaban cruzarlo.
La emoción estuvo a flor de piel.
Y durante esos 46 minutos palabras como migración, frontera o inmigrante dejaron de funcionar como conceptos abstractos.
En la pantalla había personas.
Cuando termina la película, pero continúa la historia
Y precisamente ahí surgió uno de los momentos más interesantes de la noche.
Finalizada la proyección, Ana María Sanjuán conversó con Carmen Morillo, Jerónimo Vicente Ruiz y monseñor Ramón Darío Valdivia sobre la experiencia vivida apenas unos días antes en Ceuta, ciudad a la que Sanjuán había viajado el pasado domingo.
La conversación permitió compartir impresiones sobre una realidad que allí deja de contemplarse desde la distancia y se encuentra frente a frente en sus calles, sus playas y sus espacios de acogida.
Durante ese encuentro surgió también el trabajo desarrollado en Ceuta por entidades vinculadas a esta realidad migratoria y quedó planteada una próxima visita junto a Ana María Sanjuán para conocer sobre el terreno esa labor y profundizar en la situación que atraviesa la ciudad.
Un pequeño encuentro después de la película que terminó prolongando, casi sin pretenderlo, el propio relato del documental.
Porque El mar de los sueños habla precisamente de eso.
De acercarse.
De escuchar antes de juzgar.
De atravesar simbólicamente una frontera para intentar comprender qué ocurre al otro lado.
El mar que separa y el mar que une
Cádiz conoce bien el mar.
Lo contempla cada día. Vive junto a él. Forma parte de su identidad.
Pero existen mares diferentes dependiendo de los ojos con los que se miren.
Para unos puede significar libertad.
Para otros, distancia.
Para algunos, trabajo.
Para otros, una frontera.
Y para demasiadas familias, una ausencia.
Esta noche, en el Palacio Provincial, ese mismo mar dejó durante 46 minutos de separar continentes.
Se convirtió en un lugar de encuentro entre sus historias.
Porque detrás de cada persona que abandona su tierra existe algo que ningún dato estadístico puede explicar por completo:
una madre que espera,
una familia que recuerda,
una vida que comienza de nuevo
y un sueño que sigue buscando tierra firme.
El mar de los sueños nos recuerda que quizá la primera forma de acoger sea algo tan sencillo —y a veces tan difícil— como detenernos a escuchar.
Agenda Cádiz
Cádiz no se cuenta. Se siente.