Pasión Almodóvar
PASIÓN VEGA CONVIERTE EL FALLA EN EL UNIVERSO DE ALMODÓVAR
Pasión Almodóvar llena el Gran Teatro Falla en una noche de música, luz y emoción que terminó con Cádiz cantando junto a Pasión Vega
El Gran Teatro Falla volvió a vivir una de esas noches en las que escenario y patio de butacas dejan de ser dos espacios diferentes. Con un teatro completamente lleno y un público entregado desde los primeros compases, Pasión Vega presentó en Cádiz Pasión Almodóvar, un viaje musical por las canciones que han acompañado y dado identidad al universo cinematográfico de Pedro Almodóvar.
Y Cádiz respondió. Lo hizo escuchando, emocionándose y, finalmente, cantando.
Pasión Vega apareció sobre el escenario con la elegancia y la serenidad que la caracterizan. Pero bastaron las primeras notas para que todo quedara en segundo plano ante aquello que sigue siendo su mayor instrumento: la voz.
Una voz cálida, poderosa y llena de matices, capaz de crecer hasta ocupar cada rincón del Falla y, segundos después, recogerse hasta convertir una canción en algo casi íntimo.
Pero Pasión Almodóvar es mucho más que un recital.
La puesta en escena, cuidada hasta el detalle, convirtió cada interpretación en una pequeña secuencia cinematográfica. El magnífico diseño de iluminación de Alberto Rodríguez fue transformando el escenario, acompañando los estados de ánimo de cada canción y construyendo una atmósfera en la que música, sombras y luz parecían formar parte de una misma narración.
En el centro musical de todo ese universo destacó especialmente Moisés P. Sánchez, responsable del piano, la dirección musical y los arreglos.
Su interpretación fue uno de los grandes momentos de la noche. Virtuosismo, sensibilidad y una enorme capacidad para dialogar con la voz de Pasión Vega. Hubo instantes en los que el piano dejó de ser acompañamiento para convertirse en otra voz sobre el escenario, llevando las canciones hacia territorios nuevos sin hacerles perder su esencia.
Junto a él, Sergio Menem, al violonchelo y la guitarra; Pablo Martín Jones Johnston, en la percusión y electrónica; y Toño Miguel, al contrabajo, completaron una formación extraordinariamente equilibrada, capaz de pasar de la delicadeza al dramatismo y de la contención a la intensidad.
Canciones como La bien pagá, Volver, A tu vera, Piensa en mí, Un año de amor, Puro Teatro, En el último trago o Cucurrucucú paloma fueron apareciendo convertidas en recuerdos colectivos.
Porque muchas de ellas pertenecen ya a nuestra memoria.
Son canciones que alguna vez escuchamos en una película, en una casa, en una radio o asociadas a una persona y que, en la voz de Pasión Vega, encontraron esta noche una nueva forma de ser contadas.
Y entre tantas canciones, luces y emociones, hubo también imágenes pequeñas capaces de contar por sí solas toda una noche.
Entre el público, una pareja mayor permanecía junta, mirando hacia Pasión Vega mientras su voz llenaba el teatro. Dos rostros atentos, dos vidas compartidas y una canción sonando delante de ellos.
Quizá ahí esté también la fuerza de la música: en su capacidad para atravesar los años y despertar emociones que nunca envejecen.
«Hay miradas que no necesitan juventud para seguir hablando de pasión.»
Después llegó uno de esos momentos que no aparecen escritos en ningún programa.
Pasión Vega abandonó el escenario y bajó hasta el patio de butacas para cantar entre el público.
El Falla dejó entonces de contemplarla desde la distancia.
Pasión estaba allí, caminando entre la gente, sonriendo, cantando a pocos centímetros de quienes llenaban el teatro. Y entre aquel público se encontraba Javier Ruibal, a quien Pasión Vega reconoció y saludó durante su recorrido.
Un encuentro breve y espontáneo entre dos artistas profundamente vinculados a la música y a Cádiz que provocó inmediatamente la complicidad del público.
En representación del Ayuntamiento de Cádiz asistieron las concejalas Maite González y Ana María Sanjuán, compartiendo una noche en la que el Gran Teatro Falla volvió a demostrar su capacidad para convertirse en algo más que un escenario.
Porque conforme avanzaba el espectáculo, la distancia entre artista y público fue desapareciendo.
Pasión Vega hablaba, sonreía, miraba al patio de butacas y agradecía. Cádiz respondía.
Hasta que llegó el final.
Y entonces ya no cantaba solamente Pasión Vega.
Cantaba el Falla.
Las voces comenzaron a levantarse desde las butacas hasta convertir los últimos minutos en una celebración compartida. Un teatro lleno cantando junto a una artista que parecía disfrutar tanto de Cádiz como Cádiz estaba disfrutando de ella.
Quedaron su sonrisa.
La elegancia de su presencia.
La belleza de una puesta en escena construida desde la luz.
El extraordinario piano de Moisés P. Sánchez.
Y, sobre todo, quedó su voz.
Una voz que esta noche recorrió las canciones del cine de Almodóvar para terminar encontrando otro escenario posible para todas ellas: Cádiz.
Porque durante unas horas Pasión Almodóvar dejó de pertenecer únicamente al cine.
"Esta noche también perteneció al Falla".