Manuel de Falla

MANUEL DE FALLA, UN BARRIO ENTRE DOS TIEMPOS

De la memoria de la Tacita de Plata al Cádiz que creció hacia arriba

Comenzamos un nuevo recorrido por Extramuros. La Tacita de Plata abre la puerta a un territorio construido en distintas épocas, donde las viviendas bajas conviven con los bloques que fueron levantándose cuando Cádiz necesitó crecer y encontró en la altura una respuesta.

Hoy, mientras una parte del barrio se prepara para una profunda transformación, caminamos por sus patios y calles para conservar aquello que ninguna nueva construcción debería borrar: la memoria de quienes hicieron de estas viviendas un hogar.


“Antes de que cambie el paisaje, nos detenemos a mirarlo.
Porque también los barrios guardan memoria”.


DE LA TACITA AL BLOQUE VERTICAL

Dos formas de habitar, dos momentos de la historia urbana de Cádiz y un mismo barrio construido por sus vecinos

Este nuevo capítulo de Cádiz desde sus Barrios nos permite recorrer, casi calle a calle, una parte fundamental de la transformación de Extramuros.

Comenzamos en la Tacita de Plata, heredera de otra manera de entender la vivienda: construcciones de menor altura, patios, espacios comunes y una vida vecinal desarrollada muy cerca de la puerta de casa. Un conjunto que hoy afronta una nueva etapa con el realojo de sus vecinos y su futura transformación.

Pero basta continuar caminando hacia Amor Brujo, Los Porches, Los Molineros , Fantasía Bética y Santo Tomás, para descubrir otro Cádiz.

La ciudad comienza a elevarse.

Cinco plantas. Siete. Ocho. Decenas de viviendas concentradas donde antes el crecimiento urbano había sido mucho más horizontal. Durante las décadas centrales del siglo XX, Extramuros dejó progresivamente de ser periferia para integrarse definitivamente en una ciudad que necesitaba espacio y encontró también una respuesta en la altura.

Más de sesenta años después, aquellos edificios que representaron crecimiento y modernización forman parte de un parque residencial maduro. Surgen ahora otros desafíos: accesibilidad, ascensores, conservación, rehabilitación, eficiencia energética y adaptación de las viviendas a una población y unas necesidades muy diferentes de aquellas para las que fueron construidas.

2026 · MANUEL DE FALLA REGRESA A SU CIUDAD

Nuestro recorrido adquiere este año un significado especial.

En 2026 se cumplen 150 años del nacimiento de Manuel de Falla, nacido en Cádiz el 23 de noviembre de 1876. La ciudad conmemora este aniversario recuperando la figura y el legado de uno de sus creadores más universales.

Pero 2026 guarda además otra efeméride especialmente gaditana: se cumplen cien años de su nombramiento como Hijo Predilecto de la Ciudad de Cádiz, concedido en diciembre de 1926.

Y es precisamente aquí donde la historia de Falla se encuentra con nuestro recorrido.

Manuel de Falla. Amor Brujo. Fantasía Bética.

El compositor y su obra quedaron incorporados al propio callejero. El amor brujo, estrenado en su primera versión en 1915, y Fantasía Bética, compuesta en 1919, dejaron de pertenecer únicamente a los escenarios para acabar formando parte también del mapa cotidiano de Cádiz.

La música se convirtió en geografía. Y la geografía, con el paso de las generaciones, se convirtió en barrio.

Ciento cincuenta años después de su nacimiento y cien después de aquel reconocimiento de su ciudad, caminamos por lugares que mantienen vivo su nombre de una manera quizá menos solemne, pero profundamente cotidiana: en las placas de las calles, en las direcciones de las casas y en la memoria de quienes han vivido aquí.

MÁS DE SESENTA AÑOS DESPUÉS

Aquella expansión residencial permitió alojar a numerosas familias y transformar profundamente Extramuros.

Hoy los edificios que entonces representaban la modernización y el crecimiento de Cádiz afrontan el paso del tiempo. La falta de ascensores en determinados inmuebles adquiere especial importancia a medida que envejece parte de su población.

A ello se suman las necesidades de rehabilitación, conservación, eficiencia energética y adaptación a unas condiciones de habitabilidad muy diferentes de las existentes cuando fueron construidos.

Conocer cuándo y cómo nacieron estas calles nos ayuda, por tanto, a comprender también algunos de sus desafíos actuales.

PERSONAS DETRÁS DE LOS EDIFICIOS

Porque detrás de los nombres, las fechas y la arquitectura encontramos algo todavía más importante.

Personas.

Familias que llegaron cuando aquellos edificios eran nuevos. Niños que jugaron entre los bloques y que hoy regresan como abuelos. Comercios que abrieron y cerraron. Vecinos que permanecieron.

Generaciones que hicieron suyo un territorio construido inicialmente para responder a una necesidad de vivienda y que terminaron convirtiéndolo en barrio.

Nuestro camino nos llevará también hasta Santo Tomás y García Carrera, a sus comercios y a sus calles llenas de movimiento, recuperando finalmente la memoria de una ciudad que durante años estuvo atravesada por las vías del ferrocarril y necesitó pasos y pasarelas para mantener comunicados sus barrios.

DOS ÉPOCAS, UN MISMO RECORRIDO

La Tacita de Plata y los grandes bloques que encontraremos después representan dos momentos diferentes de la historia residencial de Cádiz.

Una nos habla del Cádiz anterior a la gran expansión de Extramuros.

Los otros muestran el momento en que la ciudad necesitó crecer rápidamente y encontró en la construcción vertical una de sus principales respuestas.

Hoy ambas realidades vuelven a enfrentarse a nuevos desafíos. En la Tacita de Plata ya ha comenzado el proceso de realojo que permitirá abordar su futura transformación. En Amor Brujo, Los Porches, Los Molineros y Fantasía Bética permanece buena parte de aquel patrimonio residencial levantado hace más de medio siglo.

Por eso recorrer estas calles significa también leer la historia urbana de Cádiz a través de sus viviendas, sus comercios y, sobre todo, de las personas que las habitan.

Porque una ciudad no explica únicamente cómo vive. También explica cómo tuvo que aprender a crecer.

«Primero Cádiz buscó espacio. Después tuvo que buscar altura.

Y entre patios, bloques, calles y ventanas, fueron las personas quienes hicieron lo verdaderamente difícil: convertir las viviendas en barrio.»


EL PATIO, CORAZÓN DE LA TACITA

Nuestra Señora del Carmen, memoria compartida entre generaciones

Entramos en la Tacita de Plata y lo hacemos por uno de esos espacios que mejor explican su identidad: el Patio de Nuestra Señora del Carmen.

Tras sus rejas aparece una forma de entender la vivienda que va mucho más allá de cada puerta. Plantas cuidadas por los vecinos, ventanas abiertas hacia el mismo espacio y rincones comunes hablan de décadas de convivencia. Aquí, el patio no fue simplemente una zona de paso: fue lugar de encuentro, conversación y vida compartida.

Mientras la Tacita afronta una transformación que cambiará su fisonomía, estos patios permanecen como testimonio de una manera de hacer barrio que merece ser conservada en la memoria.

“Las casas guardan historias.
Los patios hacen que esas historias se encuentren”.


UN ARCO HACIA LA VIDA COTIDIANA

Los pequeños accesos que conectan las viviendas y los patios de la Tacita

Seguimos caminando por la Tacita de Plata. Un arco sencillo abre paso hacia el interior, mientras balcones, ropa tendida, ventanas enrejadas y una pequeña maceta hablan de la vida cotidiana que continúa habitando estos bloques.

Son detalles aparentemente menores, pero juntos explican una forma de convivencia construida durante décadas: espacios donde lo privado y lo común apenas están separados por unos pasos.

«A veces basta cruzar un pequeño arco para entrar en toda una vida.»


CALLES QUE NACIERON PARA ENCONTRARSE

Los espacios comunes que dieron identidad a la Tacita de Plata

Entre los bloques se abre un espacio amplio, peatonal y arbolado. Ventanas, balcones y viviendas miran hacia una misma calle interior, concebida no solo para pasar, sino también para encontrarse.

Durante décadas, estos espacios han formado parte de la vida cotidiana de la Tacita: niños jugando, vecinos conversando y generaciones compartiendo un lugar que prolongaba la casa más allá de sus paredes.

«Un barrio comienza en una vivienda,

pero se construye cuando sus puertas se abren hacia los demás.»


EL BARRIO COMO PATIO

Espacios abiertos donde la vida continúa entre ventanas, árboles y vecinos

La Tacita de Plata vuelve a mostrarnos una de sus características más reconocibles: amplios espacios comunes rodeados por las viviendas. La vegetación cuidada, las macetas y la ropa tendida conviven con una arquitectura levantada para muchas generaciones de familias.

Más que una calle entre edificios, este espacio funciona como prolongación de las propias casas. Aquí se cruzan los caminos y se mantiene esa relación de cercanía que durante décadas ha definido la vida cotidiana de la Tacita.

«Hay lugares donde la puerta de casa

termina mucho después de cruzar el umbral.»


VIRGEN DE LA LUZ, MEMORIA VECINAL

La huella de la primera asociación de vecinos permanece escrita en la Tacita de Plata

En una pequeña fachada de la Tacita todavía puede leerse el nombre de la A.A.V.V. Virgen de la Luz, la primera asociación vecinal del entorno. Un rastro sencillo que recuerda la importancia que tuvo la organización de los propios vecinos para defender las necesidades y mejorar la vida cotidiana de la barriada.

Más allá de edificios y viviendas, la historia de la Tacita también se construyó desde la participación, la convivencia y la capacidad de un barrio para organizarse y hacerse escuchar. El nombre permanece allí, sobre una puerta, como parte de esa memoria colectiva.

«Hay nombres escritos en una fachada que terminan

contando la historia de todo un barrio.»

ENTRE LA CALLE Y EL PATIO

Fernández Ballesteros, uno de los límites donde la Tacita se abre a la ciudad

El recorrido por la Tacita nos lleva hasta Fernández Ballesteros, donde los espacios interiores de la barriada se encuentran con la calle. La arquitectura mantiene aquí algunos de sus elementos característicos: viviendas agrupadas, pequeños jardines, árboles y rincones cuidados por los propios vecinos.

La imagen permite observar también el contraste entre dos espacios: a un lado, la tranquilidad del interior residencial; al otro, el movimiento cotidiano de una ciudad que continúa a pocos metros.

«Hay calles que marcan un límite en el mapa,

pero nunca consiguen separar la vida de un barrio.»


DEVOCIÓN ENTRE LOS PATIOS

La religiosidad popular también forma parte de la memoria cotidiana de la Tacita

Entre viviendas, árboles y espacios comunes aparece este rincón dedicado a la Virgen, convertido por los propios vecinos en un pequeño lugar de recogimiento. El azulejo, las flores y las macetas cuidadas muestran cómo la devoción popular encontró también su espacio dentro de la vida diaria de la barriada.

No es un elemento aislado: forma parte de esa manera de construir comunidad en la que cada rincón podía adquirir significado gracias al cuidado compartido y al paso de las generaciones.

«Hay rincones que no necesitan silencio para invitar a detenerse.»

EL ESPACIO QUE COMPARTIMOS

La amplitud de los patios interiores define otra forma de vivir la Tacita

Entre los bloques se abren grandes espacios peatonales donde los árboles, los pequeños jardines y las viviendas conviven sin apenas barreras. Son lugares concebidos para comunicar las casas, pero que con los años terminaron convirtiéndose en auténticas plazas interiores.

Aquí se cruzan los vecinos, se conversa, se juega y se descansa. La arquitectura creó el espacio; décadas de convivencia hicieron el resto.

«Un patio deja de ser un espacio vacío cuando un barrio aprende a vivirlo.»


BULERÍA, EL NOMBRE DE UNA CALLE

El flamenco también encuentra su lugar entre los rincones de la Tacita

El recorrido nos lleva hasta Bulería, otro de esos pequeños pasos interiores que articulan la Tacita de Plata. El nombre aparece sobre la fachada mientras un arco de ladrillo marca el acceso entre viviendas y espacios comunes.

La arquitectura sencilla, los pasos estrechos y los nombres populares construyen un pequeño callejero dentro del propio conjunto residencial, dando identidad a rincones que varias generaciones han aprendido a reconocer como propios.

«A veces la memoria de un barrio cabe en el nombre de una calle y

en el arco que tantas veces atravesamos.»

UNA TRANSFORMACIÓN QUE COMENZÓ SOBRE EL PAPEL

La transformación de la Tacita de Plata no comenzó con una excavadora ni con el derribo de una vivienda.

Comenzó mucho antes, sobre planos, expedientes y proyectos.

En noviembre de 2022 se presentó públicamente un proyecto de remodelación integral para la unidad de ejecución UE-EX-15 Manuel de Falla. La propuesta inicial contemplaba sustituir 112 viviendas antiguas por 209 nuevas, incrementando en 97 el parque público municipal.

La actuación se estimaba entonces en unos 32,8 millones de euros y debía desarrollarse necesariamente por fases. Había una razón fundamental: no se trataba de intervenir sobre un espacio vacío. Allí vivían familias.

En marzo de 2023, PROCASA culminó un estudio de detalle que ajustaba la ordenación a los parámetros del PGOU. La planificación contemplaba 198 viviendas, 16.924 metros cuadrados de superficie residencial, 2.345 metros cuadrados destinados a uso comercial y dos plantas de aparcamientos subterráneos.

Los números permitían dibujar el futuro. Pero transformar un barrio habitado era mucho más complicado que dibujarlo sobre un plano.

Antes de derribar había que realojar. Y detrás de cada realojo había una familia.

DEL PROYECTO A LAS PERSONAS

Es precisamente en esa fase donde adquiere especial relevancia el trabajo desarrollado por Ana María Sanjuán, concejala de Vivienda y Desarrollo Sostenible y presidenta de PROCASA.

La transformación de Manuel de Falla había comenzado años antes en los documentos urbanísticos, pero todavía quedaba posiblemente la parte más compleja: hacer posible la actuación con el barrio habitado.

Había que encontrar viviendas, coordinar promociones municipales, organizar los traslados por fases y atender circunstancias personales muy diferentes. Había personas mayores, vecinos con problemas de movilidad, familias con recursos limitados y, sobre todo, hombres y mujeres profundamente vinculados a unas casas y unos patios donde habían transcurrido décadas de sus vidas.

Desde Vivienda y PROCASA, Ana María Sanjuán asumió el impulso de esta etapa del proceso, situando los realojos como la pieza necesaria para que aquella transformación que llevaba años dibujada pudiera comenzar a materializarse.

Su papel quedó así ligado a una lucha especialmente compleja: conseguir viviendas para quienes debían dejar primero las suyas y hacer compatible la transformación urbanística con la realidad humana de quienes seguían viviendo allí.

Porque antes de construir el nuevo Manuel de Falla había que responder a una pregunta mucho más inmediata: ¿dónde irían sus vecinos?

CUANDO LLEGA EL MOMENTO DE DEJAR LA CASA

Durante 2024 y 2025 avanzaron los trabajos administrativos y sociales necesarios para organizar los traslados.

No era simplemente buscar una vivienda disponible.

Cada familia tenía unas circunstancias diferentes y cada traslado significaba abandonar un lugar conocido. La edad de muchos residentes, sus condiciones económicas, los problemas de accesibilidad y el vínculo construido durante décadas con el barrio convertían el proceso en algo especialmente delicado.

Las promociones municipales que se estaban desarrollando en otros puntos de Cádiz comenzaron entonces a convertirse en una pieza fundamental para desbloquear la operación.Hasta que llegó 2026.

Lo que durante años habían sido estudios, reuniones, expedientes y planos comenzó a materializarse en algo mucho más pequeño que todo aquello y, al mismo tiempo, mucho más importante:unas llaves.

VEINTE FAMILIAS, LAS PRIMERAS LLAVES

El 21 de mayo de 2026, veinte familias procedentes de Manuel de Falla recibieron viviendas protegidas en alquiler en la nueva promoción municipal de García de Sola, 20, promovida por el Ayuntamiento de Cádiz a través de PROCASA.

La promoción supuso una inversión de 2.673.843 euros, cofinanciada por el Ayuntamiento de Cádiz, la Junta de Andalucía, el Gobierno de España y fondos europeos Next Generation.

Las veinte viviendas se distribuyen entre diez de dos dormitorios, ocho de tres dormitorios y dos de un dormitorio. La promoción permitió además ofrecer soluciones adaptadas a mayores de 65 años con problemas de accesibilidad, personas con movilidad reducida y personas con discapacidad.

La entrega contó con el alcalde, Bruno García, y con Ana María Sanjuán, como responsable municipal de Vivienda y presidenta de PROCASA, junto a representantes de otras administraciones.

Aquel acto significaba mucho más que la entrega de una promoción de viviendas.

Para Ana María Sanjuán y el equipo de PROCASA suponía convertir en realidad una parte fundamental del proceso por el que se venía trabajando: hacer posibles los primeros realojos para que la transformación de la Tacita pudiera avanzar.

Pero por encima de instituciones, inversiones y cifras estaban ellos. Los vecinos.

Veinte familias cerraban una puerta vinculada a buena parte de sus vidas y recibían las llaves de otra detrás de la que comenzaría una historia diferente.

El traslado de estas primeras familias quedó completado en julio de 2026.

REALOJAR PARA PODER TRANSFORMAR

García de Sola no representa el final del proceso.

Es uno de sus primeros grandes pasos.

La planificación contempla continuar los realojos utilizando otras promociones públicas, entre ellas Marqués de Crópani, para ir liberando progresivamente las viviendas necesarias y permitir que avance la transformación de Manuel de Falla.

La operación obliga a coordinar vivienda pública, urbanismo, financiación y acompañamiento a los residentes.

Y es precisamente en ese trabajo, menos visible que una obra terminada pero imprescindible para que esta pueda comenzar, donde se sitúa buena parte del esfuerzo desarrollado desde PROCASA y desde su presidencia.

Porque existe algo que difícilmente puede aparecer reflejado en un proyecto urbanístico:

marcharse de una casa después de varias décadas no es simplemente hacer una mudanza.

Es abandonar unas escaleras conocidas, una ventana, un patio, el vecino de enfrente, el comercio habitual y cientos de pequeños gestos cotidianos que terminaron convirtiendo una vivienda en hogar.

108 VIVIENDAS PARA CONTINUAR EL PROCESO

El 23 de septiembre de 2026, apenas unos días antes de nuestro recorrido fotográfico, el proceso dio un nuevo paso administrativo con el inicio del expediente para la cesión gratuita a PROCASA de 108 viviendas del Grupo Manuel de Falla, inmuebles pertenecientes al Patrimonio Municipal de Suelo.

La finalidad es permitir que PROCASA continúe avanzando en la remodelación de la barriada conforme al estudio de detalle y al proyecto de reparcelación correspondiente.

Las diferentes cifras que aparecen a lo largo de esta historia responden a momentos y documentos distintos y conviene no confundirlas: las 108 viviendas corresponden a este expediente patrimonial; las 112 viviendas existentes, las 209 inicialmente planteadas y las 198 recogidas posteriormente pertenecen a diferentes fases de la planificación urbanística.

Son cifras distintas dentro de una misma transformación.

Y también muestran algo importante: este no es un proyecto cerrado en un único momento, sino un proceso que ha ido avanzando, adaptándose y resolviendo obstáculos a medida que se acercaba a su ejecución.

ENTRE LO QUE SE VA Y LO QUE LLEGARÁ

Y es precisamente en este momento cuando llegamos nosotros con nuestras cámaras.

Fotografiamos la Tacita de Plata no para detener su transformación ni para convertir el pasado en algo intocable.

La fotografiamos porque una ciudad que cambia también necesita conservar la memoria de aquello que fue.

Dentro de unos años, parte del paisaje que vemos hoy habrá cambiado.

Llegarán nuevas viviendas. Nuevas ventanas. Nuevas puertas. Nuevos espacios donde otras familias comenzarán a construir sus propias historias.

Pero antes queremos detenernos.

Mirar los patios. Las puertas. Los balcones. Las paredes gastadas. Los bancos donde tantas veces alguien se sentó a conversar.

Y, sobre todo, mirar a las personas.

Porque la historia de la vivienda pública no se escribe únicamente con presupuestos, expedientes, proyectos o metros cuadrados.

Se escribe con algo mucho más sencillo: hogares.

Algunas familias de la Tacita de Plata ya han comenzado una nueva etapa en las viviendas de PROCASA de García de Sola.

Otras esperan todavía su turno.

Y detrás de este momento existe también una historia de años de planificación y de una etapa reciente en la que Ana María Sanjuán, desde la responsabilidad de Vivienda y la presidencia de PROCASA, ha hecho del realojo de estas familias una de las piezas fundamentales para convertir el proyecto en una transformación posible.

Ahora el barrio se encuentra entre dos tiempos: lo que todavía permanece y lo que está por llegar.

Por eso Cádiz desde sus Barrios llega antes de que cambie definitivamente el paisaje. Para caminarlo, fotografiarlo y conservar aquello que ninguna nueva construcción podrá sustituir: la memoria de quienes hicieron de estas viviendas su hogar.

«Llegará el día en que algunos de estos muros ya no estén. Por eso fotografiamos hoy lo que mañana será memoria.

Porque también los barrios necesitan que alguien los recuerde.»


ENTRE LA CASA QUE DEJA Y LA QUE LLEGA

Un vecino de la Tacita ante el próximo paso hacia las nuevas viviendas

Bajo uno de los arcos de la Tacita de Plata, Ana María Sanjuán conversa con uno de los vecinos que será realojado en las nuevas viviendas de PROCASA. Una imagen cotidiana que resume buena parte del momento que vive esta barriada.

Porque un realojo no consiste únicamente en cambiar una vivienda por otra. Para quienes llevan aquí buena parte de su vida significa despedirse de escaleras, patios, ventanas y vecinos; de lugares donde quedaron escritas muchas de sus historias. Al otro lado esperan nuevas viviendas y unas condiciones adaptadas a las necesidades actuales.

Es el final de una etapa y el comienzo de otra, mientras la Tacita de Plata avanza hacia una transformación largamente esperada.

«Durante años, la Tacita esperó nuevas respuestas.

Ana María Sanjuán hizo de esa espera una lucha, y de aquella lucha, un camino hacia nuevas llaves.»


LA TACITA, POR SU PROPIO NOMBRE

Un rincón donde la identidad del barrio permanece escrita en sus paredes

Entre plantas, pequeñas viviendas y caminos interiores aparece el nombre que ha acompañado durante décadas a este conjunto: Tacita de Plata. No hace falta una gran placa ni una señal urbana; son los propios rincones los que recuerdan dónde estamos.

La imagen reúne buena parte de lo que hemos encontrado durante el recorrido: viviendas abiertas hacia espacios comunes, vegetación cuidada y una escala cercana que contrasta con los grandes bloques que se levantan alrededor.

«Mientras permanezca su nombre en la memoria de quienes la vivieron,

la Tacita nunca desaparecerá del todo.»


LA CRUZ QUE PRESIDE EL PATIO

Fe, tradición y convivencia en el corazón de la Tacita de Plata

Entre arcos de ladrillo, macetas y viviendas se levanta esta gran cruz de forja, convertida en uno de los elementos más reconocibles de los espacios interiores de la Tacita. A su alrededor, la vida cotidiana continúa: puertas abiertas, vecinos, plantas cuidadas y rincones que conservan el carácter popular del conjunto.

Más allá de su significado religioso, la cruz forma parte del paisaje y de la memoria de generaciones que han crecido contemplándola desde sus casas.

«Hay símbolos que permanecen tanto tiempo en un barrio

que terminan formando parte de los recuerdos de quienes lo habitan.»




DEJAMOS ATRÁS LA TACITA

El recorrido continúa por el entorno de Manuel de Falla

Atravesamos uno de sus últimos accesos y dejamos atrás los patios, las viviendas y los pequeños jardines de la Tacita de Plata. No es todavía el final del capítulo, sino el paso hacia otro paisaje urbano.

Continuamos ahora por sus alrededores, hacia Amor Brujo, Los Porches, Los Molineros, Fantasía Bética y Santo Tomás, para descubrir cómo fue cambiando la forma de construir y habitar esta parte de Extramuros.

«Nos vamos de la Tacita, pero dejamos abierta la puerta de su memoria.»


Amor Brujo, Los Porches, Los Molineros, Fantasía Bética y Santo Tomás: la transformación residencial de Extramuros

Después de recorrer la Tacita de Plata, Cádiz desde sus Barrios continúa por Amor Brujo, Los Porches, Los Molineros, Fantasía Bética y Santo Tomás, espacios que permiten comprender otra etapa fundamental del crecimiento urbano de Cádiz.

Si la Tacita conserva la memoria de un modelo residencial iniciado antes de mediados del siglo XX, apenas unos metros más allá encontramos una ciudad diferente.

Es el Cádiz que, especialmente durante las décadas de 1960 y 1970, necesitó crecer con rapidez para responder a la demanda de vivienda.

Y ante la escasez de suelo, comenzó a hacerlo hacia arriba.

UNA CIUDAD CON MUY POCO ESPACIO PARA CRECER

La geografía ha condicionado siempre el desarrollo urbano de Cádiz.

Rodeada por el mar y con un término municipal muy limitado, la ciudad encontró durante buena parte del siglo XX en Extramuros su principal territorio de expansión residencial.

Donde anteriormente existían terrenos con una ocupación mucho menor fueron apareciendo nuevas calles, bloques de viviendas, comercios, colegios, equipamientos y espacios públicos.

El paisaje urbano comenzó a cambiar.

La vivienda colectiva ganó altura y densidad y miles de familias fueron estableciendo sus hogares en aquella nueva ciudad que avanzaba desde Puerta Tierra.

Amor Brujo, Los Porches, Los Molineros, Fantasía Bética y Santo Tomás forman parte de la memoria de aquella transformación.

AMOR BRUJO

Amor Brujo constituye un buen ejemplo del modelo residencial desarrollado durante aquellos años.

Los datos inmobiliarios y catastrales recopilados para la calle permiten contabilizar alrededor de 77 viviendas, con una construcción concentrada fundamentalmente en la década de los sesenta.

En varios de sus edificios encontramos una fecha especialmente significativa: 1964.

Bloques de cinco plantas, viviendas generalmente contenidas en superficie y una elevada utilización residencial del suelo caracterizan parte de esta calle.

En Amor Brujo 1, por ejemplo, constan 19 viviendas y un local comercial distribuidos en un edificio de cinco plantas construido en 1964. Algunas de sus viviendas rondan los 48 metros cuadrados.

Otros inmuebles de la calle reproducen modelos similares.

Pero existe otro dato que, más de sesenta años después, resulta especialmente relevante: varios de estos edificios fueron construidos sin ascensor.

Lo que entonces respondía a los estándares habituales de construcción se convierte hoy en una cuestión importante de accesibilidad.

Porque aquellos edificios han envejecido al mismo tiempo que una parte de sus habitantes.

Las necesidades actuales ya no son las mismas que cuando se entregaron aquellas viviendas.

Accesibilidad, eficiencia energética, conservación de fachadas, instalaciones y adaptación de los edificios forman ahora parte de los desafíos de un parque residencial que, en muchos casos, supera ya las seis décadas de antigüedad.

LOS PORCHES

Nuestro recorrido continúa por Los Porches, otra denominación profundamente reconocible para quienes viven en esta parte de Extramuros.

Aquí encontramos nuevamente la huella de aquella ciudad residencial construida durante la expansión de la segunda mitad del siglo XX.

Bloques de viviendas, espacios comunes, pequeños establecimientos y zonas de encuentro fueron configurando una identidad propia.

Y esa identidad continúa organizada socialmente.

El registro municipal de asociaciones mantiene en Plaza de los Porches la sede de la Asociación de Vecinos Zona Puerta del Mar, muestra de una estructura vecinal que continúa formando parte de la vida de esta zona.

Los Porches permiten además observar una característica fundamental de Cádiz: las fronteras administrativas no siempre coinciden con las fronteras sentimentales o históricas de sus barrios.

Los vecinos saben perfectamente cuándo están en Los Porches.

Aunque una estadística municipal pueda incluir esas mismas calles dentro de una delimitación territorial mucho mayor.

Por esa razón, Cádiz desde sus Barrios evita atribuirle una cifra concreta de habitantes cuando las fuentes estadísticas disponibles no permiten aislar exactamente el territorio que los propios gaditanos identifican como Los Porches.

LOS MOLINEROS

Algo parecido ocurre con Los Molineros.

Su nombre pertenece desde hace décadas al lenguaje cotidiano de esta parte de Cádiz, aunque no constituye por sí mismo una unidad estadística que permita obtener con seguridad una población independiente.

Los Molineros se integra en ese entramado residencial desarrollado alrededor de importantes ejes de Extramuros.

Uno de ellos es Salvador del Mundo, donde los datos disponibles permiten contabilizar alrededor de 266 viviendas, con una fuerte presencia de edificios construidos durante la década de 1960 y superficies residenciales que se sitúan, de manera característica, alrededor de los 60-70 metros cuadrados.

Volvemos a encontrar, por tanto, el mismo fenómeno urbano:

muchas viviendas concentradas en relativamente poco suelo.

Es la respuesta arquitectónica de una ciudad que apenas podía extenderse horizontalmente.

Los Molineros representa también esa escala intermedia tan característica del Cádiz de Extramuros: conjuntos y zonas que quizá no siempre aparecen individualizados en las estadísticas oficiales pero que poseen un nombre, una memoria y una identidad perfectamente reconocibles para quienes los habitan.

FANTASÍA BÉTICA

Llegamos después a Fantasía Bética.

Aquí encontramos una concentración residencial todavía mayor.

Los datos disponibles para la calle sitúan el conjunto alrededor de las 170 viviendas, aunque con tipologías y superficies diferentes según cada edificio.

La construcción predominante vuelve a llevarnos a los años sesenta.

Pero Fantasía Bética resulta especialmente interesante porque permite observar cómo evolucionó la propia arquitectura residencial.

Encontramos edificios relativamente pequeños, como Fantasía Bética 1, construido en 1964, con cinco plantas y diez viviendas.

Muy cerca aparece una tipología completamente diferente.

Fantasía Bética 2, también de 1964, alcanza las ocho plantas y reúne 32 viviendas, en este caso con superficies que rondan mayoritariamente los 80 metros cuadrados y con ascensor.

Y el crecimiento continuaría posteriormente.

Otros inmuebles levantados durante los años setenta muestran viviendas de mayor superficie y edificios ya concebidos con criterios diferentes.

En apenas unos metros, Fantasía Bética permite contemplar distintas soluciones utilizadas para resolver una misma necesidad:

alojar a una población creciente dentro de un territorio extraordinariamente limitado.

EL PUERTA DEL MAR, REFERENCIA DE EXTRAMUROS

El gran hospital gaditano aparece en nuestro camino al dejar atrás la Tacita

Al salir de la Tacita de Plata, el paisaje cambia y aparece una de las grandes referencias urbanas de esta zona: el Hospital Universitario Puerta del Mar. Su volumen y altura contrastan con la escala más recogida de las viviendas que acabamos de recorrer.

Durante décadas, el hospital ha formado parte de la vida de Extramuros y también de la de miles de gaditanos. Desde aquí continuamos nuestro recorrido hacia las calles y conjuntos residenciales que fueron creciendo alrededor de Manuel de Falla.

«Hay edificios que forman parte de una ciudad porque,

de una manera u otra, casi todos hemos pasado alguna vez por sus puertas.»


EL COMERCIO QUE HACE BARRIO

Pequeños establecimientos que mantienen viva la calle

Dejamos atrás los patios y encontramos otro de los elementos esenciales de la vida cotidiana de Extramuros: el comercio de proximidad. Frutas y verduras ocupan la puerta, el género sale a la acera y el encuentro entre comerciante y vecino sigue formando parte de cada jornada.

Son negocios que abastecen, pero también acompañan. Lugares donde se conoce al cliente por su nombre y donde comprar continúa siendo una forma sencilla de relacionarse con el barrio.

«Mientras haya una puerta abierta y alguien al otro lado que conozca tu nombre,  seguirá habiendo barrio.»


ENTRAMOS EN AMOR BRUJO

De la Tacita de Plata a otro de los conjuntos residenciales que dieron forma a esta zona de Extramuros

El recorrido continúa y nos conduce hasta Amor Brujo. Dejamos atrás la estructura interior de la Tacita y regresamos a una trama urbana más abierta, de calles, cruces, bloques de viviendas y pequeños comercios que forman parte de la vida diaria del entorno de Manuel de Falla.

La fotografía marca precisamente esa transición. Cruzamos la calle y seguimos caminando por una zona de Cádiz construida y transformada por distintas generaciones, donde cada conjunto residencial conserva una historia propia.

Y, casi de pasada, el recorrido se cruza también con la memoria de este proyecto. En los números 9 y 11 de Amor Brujo vivió durante su infancia su fotógrafo, tras llegar desde el barrio de Santa María con apenas cuatro años. Un pequeño recuerdo personal dentro de una historia mucho mayor: la del propio barrio y la de quienes lo han habitado.

«A veces basta cruzar una calle para entrar en otra historia del barrio y reencontrarse,  casi sin buscarlo, con un pequeño rincón de la propia.»


LOS PORCHES

La verticalidad transforma el paisaje residencial de nuestro recorrido

Llegamos a Los Porches, donde el paisaje urbano cambia de nuevo. Los edificios crecen en altura y las grandes fachadas dominan los espacios comunes, mostrando otra de las formas de expansión residencial que configuraron esta zona de Extramuros.

A sus pies continúa la vida cotidiana: vecinos que conversan, entradas y salidas, pequeños encuentros y espacios compartidos. Frente a la escala de los bloques, son precisamente esas escenas las que devuelven al conjunto su dimensión humana.

«Por muy altos que sean los edificios,

un barrio siempre se construye a la altura de quienes lo habitan.»


LOS MOLINEROS

Grandes bloques y espacios abiertos en otra de las áreas residenciales de Manuel de Falla

Continuamos hacia Los Molineros. El paisaje vuelve a estar marcado por edificios de gran altura, fachadas de ladrillo y amplios espacios peatonales que se abren entre los bloques.

La propia disposición de las viviendas habla de una etapa de crecimiento de Extramuros en la que la ciudad necesitaba ganar capacidad residencial. A ras de suelo, comercios, portales y zonas comunes sostienen la vida cotidiana y convierten la arquitectura en barrio.

«Entre bloques y plazas, la verdadera medida del barrio

sigue siendo la vida que ocurre a pie de calle.»


FANTASÍA BÉTICA

La música de Manuel de Falla también da nombre a las calles del barrio

Nuestro recorrido alcanza Fantasía Bética, una calle cuyo nombre vuelve a recordar la estrecha relación de esta zona con la obra de Manuel de Falla. La composición, escrita por el músico gaditano, presta aquí su nombre a un espacio plenamente cotidiano.

Bloques residenciales, balcones, pequeños jardines y árboles acompañan una calle tranquila que forma parte de ese entramado construido alrededor de Manuel de Falla. La música queda escrita en una placa; debajo, continúa la vida del barrio.

«Hay músicas que terminan y otras que, convertidas en calles, s

iguen acompañando nuestros pasos.»


PLAZA E IGLESIA DE SANTO TOMÁS

Nuestro recorrido alcanza la plaza de Santo Tomás, presidida por su iglesia y convertida desde hace décadas en uno de los espacios reconocibles de esta parte de Extramuros.

Pero para comprender este lugar hay que recordar un Cádiz muy diferente al actual.

Durante décadas, las vías del ferrocarril atravesaban la ciudad en superficie, creando una auténtica frontera física entre distintas zonas de Extramuros. El tren formaba parte del paisaje cotidiano: vías, pasos, muros y pasarelas condicionaban los desplazamientos de miles de vecinos.

En Santo Tomás se encontraba una de aquellas imágenes que permanecen en la memoria de varias generaciones de gaditanos: la pasarela peatonal elevada sobre las vías del tren.

Aquella estructura permitía salvar el trazado ferroviario y comunicar esta zona con el otro lado de las vías, convirtiéndose en uno de los pasos utilizados para dirigirse hacia el Cerro del Moro.

Lo que hoy puede recorrerse prácticamente sin percibir una separación urbana obligaba entonces a subir, atravesar las vías desde lo alto y volver a descender.

La pasarela no era únicamente una infraestructura. Formaba parte de la rutina.

Por ella cruzaban trabajadores, familias, escolares y vecinos que se desplazaban diariamente entre ambos lados de una ciudad dividida físicamente por el ferrocarril.

LA IGLESIA DE SANTO TOMÁS

Junto a aquella realidad ferroviaria fue creciendo otro importante punto de referencia para el vecindario: la iglesia de Santo Tomás.

Templo, plaza y viviendas terminaron configurando un espacio de encuentro dentro de una zona de Cádiz que aumentaba rápidamente su población durante la expansión de Extramuros.

La iglesia se convirtió así no solo en referencia religiosa, sino también en un elemento reconocible del paisaje y de la vida social del entorno.

Alrededor de Santo Tomás fueron creciendo generaciones de familias mientras, apenas unos metros más allá, continuaban pasando diariamente los trenes.

CUANDO DESAPARECIÓ LA FRONTERA

A finales del siglo XX, Cádiz experimentaría una de las mayores transformaciones urbanísticas de su historia reciente: el soterramiento de las vías ferroviarias.

Con la desaparición del tren en superficie desapareció también aquella frontera que durante décadas había dividido físicamente Extramuros.

Las antiguas pasarelas dejaron de ser necesarias. Donde antes había raíles y obstáculos aparecieron nuevas avenidas, espacios públicos y conexiones urbanas.

Y lugares que anteriormente parecían separados comenzaron a formar parte de una ciudad mucho más continua.

Hoy resulta difícil imaginar aquella realidad caminando por Santo Tomás.

Pero hubo un tiempo en que para pasar desde aquí hacia el Cerro del Moro había que mirar hacia las vías, subir una pasarela y contemplar desde arriba cómo el ferrocarril atravesaba Cádiz.

Por eso también fotografiamos estos lugares.

Porque algunas de las transformaciones más importantes de una ciudad son precisamente aquellas de las que ya no queda casi nada que fotografiar.


SANTO TOMÁS, REFERENCIA DEL BARRIO

La iglesia marca uno de los puntos históricos de encuentro de esta zona de Extramuros

Llegamos a la plaza de Santo Tomás, presidida por su iglesia y por una torre que durante décadas ha servido como referencia visual para quienes viven y transitan por esta parte de Cádiz.

La parroquia fue creada en 1944 y la iglesia se inauguró en 1955, en un momento en el que Extramuros experimentaba un importante crecimiento urbano y demográfico. A su alrededor fueron levantándose nuevos conjuntos de viviendas y consolidándose barrios que terminarían dando forma a esta parte de la ciudad.

Con el paso de los años, Santo Tomás se convirtió en algo más que un edificio religioso. La iglesia, su plaza y las calles que confluyen en ella han formado parte de la vida cotidiana de varias generaciones: celebraciones, encuentros, comercios, colegios cercanos y ese continuo ir y venir de vecinos que acaba construyendo la identidad de un lugar.

Hoy su torre continúa elevándose entre los bloques de viviendas, conservando esa condición de referencia dentro de un paisaje urbano que ha cambiado profundamente desde mediados del siglo XX.

«Hay lugares que no necesitan señalarse en un mapa:

generaciones enteras aprendieron a reconocer el barrio mirando hacia ellos.»


DENTRO DE SANTO TOMÁS

Un espacio de silencio y encuentro en medio de la vida cotidiana del barrio

Entramos en la iglesia de Santo Tomás. Tras el movimiento de las calles y los comercios del entorno, el interior cambia el ritmo: bancos de madera, luz tenue, imágenes religiosas y un altar presidido por el Cristo crucificado.

Durante décadas, este templo ha acompañado la vida de muchas familias del barrio. Bautizos, comuniones, bodas, despedidas y celebraciones han convertido sus muros en testigos de historias personales que también forman parte de la memoria colectiva de esta zona de Extramuros.

Y entre quienes entran para rezar, descansar unos minutos o simplemente permanecer en silencio, Santo Tomás continúa cumpliendo una función que va más allá de su arquitectura.

«Fuera continúa el barrio; dentro, por unos instantes,

el tiempo parece caminar más despacio.»


LA NUEVA PASARELA, MEMORIA EN UN NOMBRE

Un establecimiento que conserva en su rótulo parte de la historia del entorno de Santo Tomás

Dejamos atrás el interior de Santo Tomás y volvemos a la calle. Junto a la iglesia encontramos La Nueva Pasarela, un bar cuyo nombre resulta especialmente significativo dentro del recorrido que estamos realizando.

Terrazas, vecinos, pequeños comercios y el movimiento cotidiano vuelven a ocupar la escena. La iglesia permanece al fondo mientras la calle recupera su ritmo habitual.

Pero ese nombre, La Nueva Pasarela, nos sirve también como antesala de una historia que forma parte de la memoria de esta zona de Cádiz y que encontraremos un poco más adelante en nuestro camino.

«A veces, antes de encontrar un lugar de la memoria,

su historia ya nos espera escrita sobre una fachada.»


DONDE TERMINA UN BARRIO Y COMIENZA OTRO

Cerramos Manuel de Falla recuperando la memoria de una pasarela que unía dos zonas separadas por las vías

Nos alejamos de Santo Tomás y ponemos fin a este capítulo. Atrás quedan la Tacita de Plata, Amor Brujo, Los Porches, Los Molineros, Fantasía Bética, García Carrera y las calles que durante generaciones han construido la vida cotidiana de esta parte de Extramuros.

Pero antes de marcharnos recuperamos un nombre encontrado pocos metros atrás: La Nueva Pasarela. El establecimiento conserva en su rótulo el recuerdo de aquella pasarela que permitía salvar las vías del ferrocarril, cuando el tren en superficie dividía físicamente esta parte de Cádiz.

Aquella estructura no era solamente una forma de cruzar de un lado a otro. Comunicaba barrios, acercaba vecinos y permitía continuar una vida cotidiana que las vías habían separado sobre el mapa.

Hoy aquel paisaje urbano ha desaparecido. Ya no están las vías dividiendo ambos lados ni necesitamos elevarnos sobre ellas para continuar caminando. Pero permanece su recuerdo, y precisamente hacia el otro lado de aquella antigua frontera dirigimos ahora nuestros pasos.

Porque este cierre es también una puerta.

Terminamos Manuel de Falla. Al otro lado nos espera el Cerro del Moro.

 

«Hubo un tiempo en que una pasarela servía para unir dos barrios.

Hoy cruzamos aquella frontera sin verla y, al hacerlo,  cerramos una historia para comenzar la siguiente.»